Misterio

Sucedió en una base aérea en 1944 durante la Segunda Guerra Mundial

UN BOMBARDERO ATERRIZO SIN NINGUNA TRIPULACION A BORDO

El Regreso del Fantasma: El Enigma del B-17 en Kortenberg

Hacia finales de 1944, la guerra ya no solo se libraba con acero y pólvora, sino también con sucesos que rozaban lo imposible. El 23 de noviembre, el aeródromo belga de Kortenberg fue testigo de un aterrizaje que desafió las leyes de la lógica aeronáutica y que, décadas después, sigue siendo una nota a pie de página inquietante para la historiografía militar.


Harold Reymond Debolt

Una Fortaleza Herida

La "Fortaleza Volante" con el nú
mero de serie 43-38545 no era más que un esqueleto de metal humeante cuando cruzó la frontera belga. Venía de las fauces de Merseburg, un infierno industrial en Alemania donde la artillería antiaérea nazi no perdonaba. Al mando estaba el teniente Harold DeBolt, quien luchaba contra los controles de un gigante que se desmoronaba: dos motores estaban muertos y el fuselaje, herido de muerte por la flak, vibraba violentamente.

El Salto a la Desesperada

Cuando los últimos dos motores exhalaron su último suspiro a tan solo 1,500 pies de altura, la física dictó una sentencia de muerte. DeBolt, en un acto de supervivencia pragmática, ordenó a su tripulación abandonar la nave. Los hombres saltaron al vacío, viendo cómo su bombardero se alejaba hacia una caída que todos daban por segura.

El Milagro de la Aerodinámica (o del Destino)

Sin embargo, lo que ocurrió tras la evacuación pertenece al reino de lo insólito. Liberado del peso de sus tripulantes y con los controles extrañamente bloqueados en una posición de planeo estable, el B-17 no se estrelló. En lugar de eso, el avión se convirtió en un espectro autónomo.



Tripulación del bombardero B-17G


Como si tuviera memoria propia o un deseo testarudo de volver a casa, la aeronave planeó en un silencio fantasmal hasta posarse sobre la hierba de la base británica de Kortenberg.

El hallazgo: Cuando las patrullas terrestres llegaron al aparato, esperando encontrar un amasijo de cuerpos y metal, hallaron una cabina vacía.

El detalle inquietante: Las luces de navegación seguían parpadeando y el diario de a bordo descansaba sobre la mesa, como si el piloto acabara de salir a estirar las piernas.

Aquel "bombardero fantasma" se convirtió en el símbolo de una máquina que, incluso abandonada por el hombre, se negó a rendirse ante la gravedad de la guerra.



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